El dirigente santafesino que denunció el pacto Roca-Runciman y enfrentó a los intereses extranjeros sigue siendo un símbolo de dignidad política, soberanía y compromiso con la Nación.
Este 5 de enero se cumplen 87 años del fallecimiento de Lisandro de la Torre, abogado, escritor y ex legislador santafesino, una de las figuras más lúcidas y valientes de la política argentina del siglo XX. A los 70 años, en 1939, De la Torre se quitó la vida en Buenos Aires, dejando atrás una trayectoria marcada por la coherencia, la denuncia de la corrupción y la defensa irrestricta de la soberanía nacional.
Fundador del Partido Demócrata Progresista y creador del periódico La República, Lisandro de la Torre ocupó un lugar central en la vida pública argentina. Sin embargo, su nombre quedó grabado a fuego en la historia a partir de su actuación en el Senado de la Nación durante la década del treinta, cuando se puso al frente de una de las investigaciones más emblemáticas contra los negociados del poder.
En ese contexto, el 1º de mayo de 1933 se firmó el pacto Roca-Runciman, un acuerdo que condicionó gravemente la economía nacional. A través de ese convenio, el 85 por ciento de las exportaciones argentinas de carne quedó en manos de frigoríficos ingleses, mientras que apenas el 15 por ciento fue destinado a empresas nacionales. Lejos de aceptar ese esquema, De la Torre denunció públicamente la entrega de recursos estratégicos y la subordinación del país a intereses extranjeros.
Desde su banca como senador por Santa Fe, lideró una investigación exhaustiva sobre las irregularidades en el comercio de carnes. A lo largo de intensas sesiones parlamentarias, fue develando un entramado de corrupción y complicidades que involucraba a los frigoríficos británicos y a altos funcionarios del gobierno nacional, entre ellos Federico Pinedo, entonces ministro de Hacienda, y Luis Duhau, ministro de Agricultura. Asimismo, demostró que esas empresas operaban sin controles, sin inspecciones y sin pagar impuestos, mientras documentación comprometedora era ocultada en despachos oficiales.
El punto culminante de esa lucha quedó plasmado en sus discursos en el Senado, donde expuso con crudeza la humillación a la que era sometida la Argentina. En una de sus intervenciones, el 28 de julio de 1933, De la Torre denunció que el Gobierno inglés decidía qué podía y qué no podía hacer el país con sus propios recursos, llegando a afirmar que ni siquiera los dominios británicos eran tratados con tanto desprecio como la Argentina.
“Alguna explicación hay que buscar ante el hecho enorme de que en la Argentina podrán trabajar persiguiendo lucro privado las empresas extranjeras, y no lo podrán las empresas nacionales”, sostuvo entonces. Y agregó que mientras países como Nueva Zelanda, Australia o Canadá administraban sus propias cuotas, la Argentina quedaba impedida de hacerlo, en una clara muestra de sometimiento.
A 87 años de su muerte, la figura de Lisandro de la Torre sigue interpelando al presente. Su denuncia contra la entrega, su valentía frente al poder y su compromiso con el interés nacional lo convierten en un referente ético cuya voz continúa resonando en cada debate sobre soberanía, democracia y justicia social.
Algo en Común El diario de Rosario