A partir del 11 de diciembre, Unidos para Cambiar Santa Fe pierde el control del recinto y deberá negociar para avanzar en las sesiones y comisiones. El frente que une a Ciudad Futura con sectores del peronismo queda cerca de la paridad y La Libertad Avanza irrumpe con fuerza, quedando en posición de árbitro legislativo.
Por: Jorge Díaz – cronista parlamentario
Las elecciones municipales de este domingo redibujaron el escenario político en Rosario. A partir del 11 de diciembre, el Concejo quedará fragmentado en tres grandes tercios: el oficialismo perderá la mayoría automática, el frente opositor crecerá con aliados y los libertarios se posicionarán como fuerza de equilibrio.
Después de dos años con control absoluto, Unidos para Cambiar Santa Fe sufrirá un retroceso significativo. De las ocho bancas que puso en juego, solo logró renovar cuatro, y pasará de tener 15 concejales a apenas 11. Esto implica no solo la pérdida del quórum propio sino también una merma en las comisiones más influyentes del cuerpo.
Desde el 11 de diciembre de 2025, el nuevo Concejo Municipal de Rosario estará conformado por una estructura tripartita, con paridad entre los principales bloques y un crecimiento sostenido de las fuerzas libertarias que ganan peso como actor clave en la definición de las mayorías.
Por el oficialismo, el espacio Unidos para Cambiar Santa Fe conservará once bancas. Estará integrado por referentes de distintos sectores: María Eugenia Schmuck, Anahí Schilbelbein y Damián Pullaro por la UCR; Fabricio Fiatti, Lucas Raspal y Carolina Labayru por Arriba Rosario; Federico Lifschitz, Manuel Sciutto y Alicia Pino por el Socialismo; Ana Laura Martínez por el PRO, y Pablo Gavira, que se suma desde el espacio UNO.
En el sector opositor, Más para Santa Fe también contará con once concejales si se consolidan los acuerdos con sectores aliados. El núcleo del bloque lo conforman los referentes de Ciudad Futura, con Juan Monteverde, Caren Tepp, Julián Ferrero y Antonio Salinas; integrantes del Movimiento Evita, como Mariano Romero, Majo Poncino y Pablo Basso; y la concejala peronista Norma López. Además, podrían sumarse Leonardo Caruana (Frente Amplio por la Soberanía), Fernanda Gigliani (Iniciativa Popular) y María Fernanda Rey (Justicialista), quienes no participaron directamente de la boleta principal pero que se perfilan como aliados legislativos.
Por último, el bloque de La Libertad Avanza tendrá una presencia importante con seis ediles. A los cuatro que ingresan este año, Juan Pedro Aleart, Anabel Andrea Lencina, Lautaro Enríquez y Samanta Arias, se suman dos concejales electos en 2023, Franco Volpe (Vida y Libertad) y Sabrina Prence (Nación y Libertad), quienes inicialmente integraron el mismo espacio libertario y luego se dividieron en monobloques.

Al interior del frente oficialista también habrá reacomodamientos. La UCR, el Socialismo y Arriba Rosario conservarán cada uno tres bancas, mientras que el PRO quedará representado únicamente por Ana Laura Martínez. Se suma Pablo Gavira, de UNO, quien aportará un voto adicional al interbloque oficialista.
Por su parte, el espacio opositor nucleado en Más para Santa Fe, una alianza que incluye a Ciudad Futura, el Movimiento Evita y el PJ, alcanzará ocho bancas, con la posibilidad concreta de sumar otras tres; dos peronistas que quedaron fuera de la boleta principal; Fernanda Gigliani, María Fernanda Rey y Leonardo Caruana del Frente Amplio por la Soberanía. De concretarse esa confluencia, el bloque opositor igualaría al oficialismo con 11 concejales.
En paralelo, La Libertad Avanza consiguió una irrupción contundente con los cuatro concejales que encabezó Juan Pedro Aleart. Si bien aún resta ver la dinámica interna del espacio, ya que en 2023 hubo escisiones tempranas que derivaron en monobloques como “Vida y Libertad” y “Nación y Libertad”, el total de representantes libertarios ascenderá a seis. Esta cifra les confiere un papel central en la definición de mayorías y negociaciones clave dentro del recinto.
En este nuevo tablero legislativo, los libertarios podrían inclinar la balanza tanto hacia el oficialismo como hacia el bloque opositor, dependiendo de cómo se articulen las alianzas y acuerdos.
Además de la renovación en la composición, se abrirá un escenario inédito en la disputa por el poder interno. Las comisiones, que hasta ahora estaban dominadas por el oficialismo, deberán reconfigurarse. Por primera vez en años, Unidos para Cambiar Santa Fe no podrá definirlas por sí solo y tendrá que negociar con los demás sectores.
En ese marco, la presidencia del Concejo, actualmente en manos de María Eugenia Schmuck, también entra en terreno incierto. Su continuidad dependerá de acuerdos transversales que, al día de hoy, no están garantizados.
Lo que se viene en el Concejo de Rosario es una etapa de equilibrio inestable, donde nadie tiene la llave por sí solo. La pérdida del control absoluto por parte del oficialismo es una señal de maduración institucional, pero también anticipa un período de intensas negociaciones y posibles bloqueos.
La oposición, aunque fortalecida, no logró una mayoría alternativa clara. Y los libertarios, con un discurso disruptivo y aún con identidades fragmentadas, se convierten en la bisagra que podría condicionar la gobernabilidad del cuerpo.
En definitiva, la política rosarina entra en una nueva fase, con un Concejo más representativo, pero también más incierto. La clave estará en la capacidad de diálogo y en los pactos que puedan tejerse más allá de los alineamientos ideológicos tradicionales.
Algo en Común El diario de Rosario