La mora de las familias sigue agravándose: afecta al 17,5% del crédito y al 26,1% de los deudores

La deuda dejó de ser solamente una herramienta para financiar el consumo y se convirtió en una pesada carga para una parte creciente de las familias. En junio, la mora consolidada del crédito otorgado a personas físicas alcanzó el 17,5% del monto total prestado, el nivel más elevado de la serie reciente y una señal contundente del deterioro de la capacidad de pago de los hogares.

El dato surge del Monitor mensual de crédito a las familias, elaborado por la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral junto con ECO GO, a partir de información de la Central de Deudores del Banco Central. El informe revela que la morosidad acumula veinte meses consecutivos de crecimiento, en un proceso que se aceleró con particular intensidad durante el último año y medio.

La evolución de las cifras permite dimensionar el golpe. En diciembre de 2024, la mora representaba apenas el 3,6% del crédito. Un año después ya había trepado al 12,6% y en junio de 2026 llegó al 17,5%. En 18 meses, el indicador se multiplicó 4,9 veces.

“La mora sigue subiendo y ya se lleva casi uno de cada seis pesos prestados”, advierte Martín E. Masci, coautor del informe, profesor asociado e investigador de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral.

Pero detrás del porcentaje hay otro dato que expone con mayor crudeza la dimensión social del problema: el 26,1% de los deudores registra algún grado de mora. Es decir, más de una de cada cuatro personas incluidas en el universo analizado presenta dificultades para cumplir con sus obligaciones crediticias. La proporción creció 8,8 puntos porcentuales en apenas un año.

El deterioro tampoco se detuvo durante el último mes medido. En junio, la irregularidad aumentó 0,3 puntos porcentuales respecto de mayo y se ubicó 10,5 puntos por encima del nivel registrado en junio de 2025.

El fenómeno adquiere una dimensión todavía más preocupante cuando se observa qué ocurre fuera de los bancos. Los proveedores no financieros de crédito representan el 14,1% del financiamiento destinado a personas en todo el país, pero concentran una mora del 31%, más del doble que la registrada por el sistema financiero, que alcanza el 15,2%. “El crédito no bancario concentra el deterioro”, señala Masci.

La paradoja es que el problema crece mientras el crédito continúa expandiéndose. Sobre el universo comparable de entidades, el financiamiento real aumentó 0,1% mensual y 9,1% interanual. Las 24 jurisdicciones del país registraron crecimiento real frente a junio de 2025, con subas que fueron desde el 1,8% hasta el 13,1%.

Hay más crédito, pero también más dificultades para devolverlo. Esa combinación empieza a dibujar uno de los principales focos de tensión de la economía cotidiana: familias que recurren al financiamiento para sostener gastos, afrontar compras o cubrir necesidades y que, al mismo tiempo, encuentran cada vez más dificultades para cumplir con las cuotas.

El volumen total del crédito a personas físicas alcanzó en junio los $97,1 billones. De ese monto, $83,4 billones correspondieron al sistema financiero y $13,7 billones a proveedores no financieros. La dimensión del mercado hace que el aumento de la morosidad tenga consecuencias que exceden a cada deudor individual y alcancen al conjunto del sistema crediticio.

El mapa provincial, además, muestra que la crisis del endeudamiento no golpea de la misma manera en todo el país. La Rioja presenta la mayor mora por monto, con el 24,5%, seguida por San Luis, con 22,6%, y Santa Cruz, con 22,2%. En el otro extremo aparecen La Pampa, con 9,1%; la Ciudad de Buenos Aires, con 11,9%; y Entre Ríos, con 13,4%.

Cuando el endeudamiento se mide en relación con el tamaño de cada economía provincial, el escenario también presenta diferencias. Tucumán, Catamarca y Formosa aparecen con los niveles más elevados de crédito en relación con su Producto Bruto Geográfico.

Los números describen así un fenómeno que ya no puede leerse solamente como una estadística financiera. La mora creciente refleja una tensión que llega directamente a la economía doméstica. Cada cuota impaga, cada refinanciación y cada nueva deuda contraída para cubrir una obligación anterior forman parte de una cadena que puede terminar reduciendo el ingreso disponible y condicionando el consumo futuro.

El dato más contundente es la velocidad del deterioro. En diciembre de 2024, apenas 3,6 de cada $100 prestados estaban en mora. Dieciocho meses después, la proporción llega a 17,5. Casi uno de cada seis pesos prestados presenta algún grado de irregularidad.

Mientras el crédito sigue creciendo, la capacidad de pago de una parte de los hogares parece quedar cada vez más rezagada. La expansión del financiamiento, que en principio debería facilitar el consumo y ampliar las posibilidades de acceso a bienes y servicios, convive ahora con una pregunta incómoda: ¿cuánto más pueden endeudarse las familias antes de que la deuda se transforme en una trampa?

El Monitor mensual de crédito a las familias es elaborado por la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral y ECO GO a partir de la Central de Deudores del BCRA. El universo analizado corresponde a personas físicas con saldo positivo informado y excluye a las personas jurídicas. El trabajo fue elaborado por Marina Dal Poggetto, Sebastián Menescaldi, Sebastián Balsells y Martín E. Masci.

Endeudamiento familiar Publicación Diario Algo en Común