Con nuevos paisajes, juegos interactivos y espacios ampliados, el emblemático espacio cultural volvió a abrir sus puertas y propone una agenda cargada de arte, ciencia y experiencias para todas las edades durante las vacaciones.
Con la llegada del verano, La Isla de los Inventos volvió a ocupar un lugar central en la agenda cultural de la ciudad. Tras una reapertura muy esperada, el espacio ubicado en Wheelwright 1402 se presenta completamente renovado y listo para recibir a niñas, niños, jóvenes y adultos con propuestas que combinan juego, arte y aprendizaje a orillas del río.
En primer lugar, la reapertura marca el cierre de una obra integral que transformó de manera significativa el predio. La Isla amplió su superficie hasta las vías que llegan a calle Presidente Roca, incorporó nuevos paisajes lúdicos y sumó dispositivos interactivos que enriquecen la experiencia de quienes la recorren. A la vez, se mejoraron los criterios de accesibilidad y circulación, lo que permite un disfrute más cómodo e inclusivo.
Además, se habilitó un nuevo portal de ingreso que fortalece el vínculo con el entorno urbano y propone un acceso más fluido, reforzando la idea de la Isla como un espacio abierto y en permanente diálogo con la ciudad.
En esta nueva etapa, La Isla de los Inventos se consolida como un territorio ampliado de exploración y encuentro. Allí, la imaginación se despliega en múltiples lenguajes a través de talleres creativos, muestras interactivas, recorridos temáticos y espectáculos en vivo, que invitan a descubrir otras formas de aprender y compartir.
Por otra parte, la programación de verano contempla distintos días y horarios para facilitar el acceso del público. Los martes y miércoles abrirá de 9 a 12 y de 18 a 21 horas, mientras que los jueves y viernes funcionará de 9 a 12 y de 18 a 22, con actividades en el espacio exterior durante la mañana. En tanto, los sábados la propuesta se podrá disfrutar de 18 a 22 horas y los domingos de 9 a 13.
Así, en pleno receso estival, La Isla de los Inventos vuelve a posicionarse como uno de los espacios más convocantes de la ciudad. Con una propuesta renovada y diversa, se reafirma como un punto de referencia para vivir el verano desde el juego, la creatividad y el encuentro colectivo.
Ruedan las ruedas (con todas las RR del ferrocarril)
Los rieles conservan el temblor, la vibración se hace onda, se expande y estalla en formas, colores y acontecimiento. Torres, túneles, palancas, calesita molinete, zorra a pedal: los objetos del mundo ferroviario se transforman en juegos para poner el cuerpo en acción. La infancia recuerda que la vida es movimiento.
Entre la espera y la esperanza
Todo un andén de pronto se detiene, para que se detengan, para sentir la sensación de parar el tiempo. Devanar cada minuto, hacer hilos de segundos y tejer sueños colectivos al abrigo de un cielo estrellado. Una tregua a la velocidad, un momento maravilloso para buscar el placer de una emoción nueva: la de ver pasar la vida y ser, a la vez, parte de ella. Sentarse, sentirse, transcurrir, en una espera creativa capaz de inventar la esperanza.
Al lado del camino
Deslumbrarse, sentirse parte de un pequeño gran universo donde todo crece: árboles, hojas, aromas, trinos, vuelos, palabras. En la espesura del verde brotan temas de conversación y uno se encuentra con el otro como si fuera la primera vez. Conversaciones frescas como el agua, firmes como la tierra naciente, tonos y tonadas: alguien canta una canción en algún lugar, uno debate, otro susurra. Las palabras son salvadas por el paisaje de nuestra historia.
Bienvenidos al tren
El viejo vagón recupera las palabras que lo habitaron, memorias de viajeros, retazos de sus esperanzas, despedidas, anhelos. Relatos que nos constituyen y nos cuentan. Un furgón-biblioteca lleno de historias de nosotros, con espacio para compartirlas, encontrarse a charlar, a estudiar, leer un libro o el diario en papel. Proyecciones, encuentros con autores, valijas con cuentos, rondas de lectura y hasta un piano público.
Faroleros de lo que vendrá
La casa del farolero conserva la luz de las utopías y la antigua costumbre de alumbrar lo remoto en el viento del asombro. Los jóvenes faroleros convocan lo colectivo, crean proyectos, manifiestos de una nueva generación y encienden imágenes de porvenir por toda la ciudad, para inventar un presente más humano, para que la vida sea vida y la comunidad la gran oportunidad de ser vivida.
Llegadas y partidas
Entrar y volver a entrar ¿Llegamos?¿Partimos? Es el mismo viaje, sin mapas ni único destino. El umbral es línea y ritual. Borra el adentro y afuera, se levanta hacia el cielo para convertirse en puente y en mirada y desde allí, capturar las lejanías, el mundo entero, y decir “nosotros” como quien pronuncia la primera palabra.
La calle de la celebración
Esta es la calle donde nace la fiesta, donde los cuerpos danzan, cantan y juegan. Comparsas en kermeses, carnavales, bailes y mesas compartidas. El río arrastra las diferencias, en los adoquines se enciende un ritmo de corazones que laten al unísono y la luna ilumina el deseo de estar juntos. Un espacio y un tiempo para vivir el sentido de la celebración como acontecimiento humano.
Algo en Común El diario de Rosario