El juez designado por Milei presentó su dimisión «indeclinable» tras el rechazo del Senado. Desde Casa Rosada responsabilizan a la oposición y advierten que el Tribunal, con solo tres miembros, «está trabado».
La renuncia del juez Manuel García-Mansilla a la Corte Suprema, luego de que su pliego fuera rechazado en el Senado, desató una fuerte polémica entre el Gobierno y la oposición. En una carta dirigida al presidente Javier Milei, el magistrado —quien fue designado por decreto en febrero— justificó su decisión al considerar «grave» la falta de integración del máximo tribunal, que funciona con solo tres miembros desde diciembre. García-Mansilla señaló que «la Corte no puede seguir operando así», y aseguró que esta situación representa un «espejismo institucional» que perjudica a los ciudadanos. Además, criticó la lentitud en las resoluciones judiciales, que a su entender afectan el funcionamiento del sistema judicial.
Desde la Casa Rosada, fuentes cercanas al oficialismo calificaron la salida del juez como «una gran pérdida» y responsabilizaron a «la política opositora por bloquear al Gobierno». No obstante, también dejaron en claro que no enviarán nuevos pliegos «en el corto plazo», incluso con las elecciones legislativas a la vista.
«Hicimos todo lo posible. Perder batallas no es debilidad», defendieron desde Balcarce 50, mientras el oficialismo comienza a evaluar nuevas estrategias para superar la parálisis judicial. La renuncia de García-Mansilla, aún no aceptada formalmente, no solo profundiza la crisis en el Poder Judicial, sino que también anticipa un nuevo round entre el Gobierno de Milei y la oposición, que seguirá tensionando las relaciones entre ambos sectores.
El máximo tribunal de la Nación se encuentra actualmente reducido a solo tres miembros: Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti. Desde el Gobierno, se considera que esta composición es «insuficiente» para el normal funcionamiento de la Corte, lo que ha generado una «parálisis institucional» que afecta el desempeño del sistema judicial. La falta de integración completa de la Corte genera incertidumbre sobre la capacidad del tribunal para abordar los casos que requieren resolución, lo que alimenta aún más la crisis judicial.
En medio de esta confrontación, desde el oficialismo se deslizó la posibilidad de proponer a lo que internamente llaman «dos talibanes liberales», mencionando a los jueces Ricardo Rojas o incluso una nueva postulación de García-Mansilla. Sin embargo, fuentes de Balcarce 50 aclararon que, por el momento, «no tiene sentido» insistir con nuevos pliegos, dado el complejo escenario político actual. Esto refleja la tensión política que se vive en el Congreso, donde las negociaciones con la oposición se han vuelto cada vez más difíciles.
Las críticas se dirigen principalmente al Senado, al que se acusa de «obstrucción» sistemática. Como ejemplo, el oficialismo señala el rechazo al pliego de Ariel Lijo, cuya nominación, según aseguran, contaba con el «visto bueno de la mitad de la Cámara». «Hicimos todo lo posible dentro del margen que nos daban», aseguraron voceros oficialistas, resaltando que «perder algunas batallas no significa debilidad», en un claro mensaje de que no abandonarán la lucha por completar la Corte.
En paralelo, la renuncia de García-Mansilla, aún no formalizada, agudiza la crisis institucional y abre un nuevo capítulo en la tensa relación entre el Ejecutivo y la oposición. Mientras tanto, el oficialismo ya comienza a evaluar estrategias para intentar desbloquear lo que consideran una «parálisis judicial deliberada», un tema clave en el escenario político de cara a las elecciones legislativas, donde cada paso que dé el Gobierno podría ser determinante.
Algo en Común El diario de Rosario