El Congreso atrasa los relojes: Diputados aprobó el cambio de huso horario y ahora el Senado tiene la última palabra

Con 151 votos afirmativos, la Cámara baja dio media sanción al proyecto que propone pasar de UTC -3 a UTC -4. La iniciativa, impulsada por Julio Cobos, busca ahorrar energía, pero abre un debate político y social sobre sus efectos reales.

En una sesión maratónica que se extendió hasta la medianoche, la Cámara de Diputados aprobó con 151 votos a favor, 66 en contra y 8 abstenciones el proyecto de ley que propone modificar el huso horario oficial en Argentina. La iniciativa, motorizada por el radical mendocino Julio Cobos, busca que el país pase del actual UTC -3 al UTC -4, en línea con su ubicación geográfica y con la promesa de reducir el consumo energético en los meses de mayor demanda.

De este modo, Argentina volvería a retrasar una hora sus relojes, lo que significaría un cambio estructural en la organización cotidiana de millones de personas. El oficialismo acompañó dividido, mientras que gran parte de la oposición sumó su apoyo, lo que dejó al Gobierno nuevamente en minoría parlamentaria en una votación de fuerte repercusión pública.

Según los defensores de la propuesta, el nuevo huso horario permitiría aprovechar mejor la luz solar, reducir gastos en electricidad y gas, y además mejorar la coordinación regional con países vecinos como Brasil, Paraguay, Bolivia y Chile, que ya utilizan el UTC -4.

Sin embargo, no faltaron las voces críticas. En primer lugar, algunos legisladores alertaron que el supuesto ahorro energético podría ser marginal y que los verdaderos problemas de fondo, la falta de inversión en generación y la dependencia de combustibles fósiles quedan intactos.

En segundo lugar, especialistas en salud señalaron riesgos concretos, los cambios de horario afectan el reloj biológico, alteran la producción de melatonina y serotonina y pueden provocar trastornos del sueño, irritabilidad y mayor riesgo cardiovascular.

Conectado a ello, se expuso también un costado político, el proyecto, en apariencia técnico, encierra una apuesta simbólica del Congreso frente a un Ejecutivo que insiste en aplicar el ajuste sobre servicios básicos mientras terceriza la responsabilidad de la crisis energética en la sociedad. Así, se discute si el cambio horario es realmente una política pública eficaz o apenas una medida cosmética que desplaza la discusión de fondo sobre la soberanía energética.

Por ahora, el reloj sigue corriendo en UTC -3. El proyecto deberá ser tratado en el Senado, donde el oficialismo intentará frenar la iniciativa o, al menos, dilatar su aplicación. Si consigue aprobación definitiva, el Gobierno deberá reglamentar la medida e informar a la ciudadanía cuándo deberá atrasar los relojes.

En consecuencia, más allá del tecnicismo del debate, lo que está en juego es mucho más que una hora. Se trata de qué modelo de país se proyecta, si uno que asume seriamente la crisis energética o uno que sigue postergando soluciones estructurales bajo medidas de impacto inmediato pero dudosa eficacia.