Las negociaciones avanzan con dificultades en la antesala del recambio parlamentario. Pichetto y Massot evalúan sumarse a Provincias Unidas pese a los roces con Pullaro, mientras la UCR enfrenta su propio laberinto para elegir autoridades en un bloque reducido al mínimo histórico.
En las horas previas al recambio legislativo, las negociaciones en la Cámara de Diputados volvieron a desnudar la fragilidad y las ambiciones cruzadas que atraviesan a los bloques opositores. Tanto Provincias Unidas como la UCR transitan un terreno minado de recelos, imposiciones y maniobras que complican la definición de sus futuros armados parlamentarios.
Por un lado, Miguel Ángel Pichetto y Nicolás Massot, referentes de Encuentro Federal, quedaron nuevamente a un paso —aunque a disgusto— de acordar su incorporación a Provincias Unidas bajo la figura de una bancada autónoma dentro de un interbloque que podría alcanzar los 15 miembros. Sin embargo, la negociación ya venía malherida desde que Pichetto decidió levantarse de la mesa la semana pasada tras enterarse por los medios que el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, pretendía imponer a su vicegobernadora y diputada electa Gisela Scaglia como jefa del interbloque.
Ese movimiento, leído por el veterano legislador como un atropello y una falta de respeto a su trayectoria, tensó al máximo la relación. Al mismo tiempo, evidenció la puja de poder entre gobernadores que buscan influir en el Congreso para consolidar su presencia en la política nacional. La postura rígida de Pullaro contrastó con la actitud más dialoguista del gobernador cordobés Martín Llaryora, cuyos diputados habían dado el visto bueno a que Pichetto asuma la conducción.
“No hubo respeto en las formas”, deslizaron en Encuentro Federal, donde remarcan que figuras de peso político escasean en el recinto y que desaprovecharlas por internas provinciales “no deja de ser un contrasentido”. Aun así, y más allá del malestar, Pichetto y Massot saben que un camino solitario los dejaría sin comisiones, un costo demasiado alto en un Congreso que se reconfigura en bloques cada vez más pequeños. Por eso, admiten que la bronca inicial ya se disipó y que evalúan sellar un acuerdo para priorizar la unidad.
La arquitectura tentativa de Provincias Unidas quedaría integrada por seis diputados de Córdoba, tres de Santa Fe, cuatro radicales, más Pichetto y Massot. También están en conversaciones los dos representantes de la Coalición Cívica, atrapados en un dilema similar.
Aun así, voces autorizadas dentro del recinto advierten que todos estos alineamientos tienen fecha de vencimiento: marzo o abril, cuando podría haber un nuevo reacomodamiento político. “Hoy Provincias Unidas es un negocio, pero no una alternativa”, sintetizó un diputado saliente.
Mientras tanto, el bloque radical atraviesa una crisis histórica, reducido a apenas ocho diputados, su número más bajo desde el retorno de la democracia. Lejos de leer esta situación como un llamado a la cohesión, el partido centenario volvió a quedar atrapado en peleas intestinas para definir quién presidirá el bloque.
Las candidatas en pugna son Pamela Verasay, respaldada por el gobernador mendocino Alfredo Cornejo, y Karina Banfi, actual vicepresidenta del bloque y referente sustentada en el aparato bonaerense. La pulseada refleja, una vez más, la fragmentación interna del radicalismo, dividido entre provincias que buscan imponer sus fichas y un partido nacional debilitado.
El bloque se completaría con Lisandro Nieri, María Inés Zigarán, Gerardo Cipollini, Guillermo Agüero, Darío Schneider y Diógenes González. Sobre este último, se especulaba con su desembarco en Provincias Unidas, pero la inminente llegada del gobernador correntino Gustavo Valdés a la presidencia del Comité Nacional de la UCR habría frenado cualquier intento de fuga: un gesto que hubiera enviado una señal política inconveniente.
Con este escenario, tanto en Provincias Unidas como en la UCR las tensiones internas dejan al descubierto la fragilidad de los bloques opositores. Y mientras el Congreso se prepara para una nueva etapa, los acuerdos aún crujen, en un tablero donde cada gobernador mueve sus piezas y cada diputado mide costos y beneficios ante un año legislativo que promete ser incierto y turbulento.
Algo en Común El diario de Rosario