Mientras millones de jubilados sobreviven con $429.254,35, en abril los senadores nacionales llevarán sus dietas a más de $11 millones brutos tras un nuevo aumento cercano al 10%. La brecha vuelve a exponer la obscena desigualdad entre la dirigencia política y una sociedad cada vez más empobrecida.
La desigualdad social en la Argentina vuelve a quedar expuesta con números que indignan. A partir de abril, los senadores nacionales verán incrementadas sus dietas hasta superar los $11 millones brutos mensuales, una cifra que equivale a más de 25 jubilaciones mínimas que hoy cobran millones de adultos mayores en el país.
Mientras tanto, los jubilados que perciben la mínima incluido el bono de $70.000, deben arreglárselas con $429.254,35 para afrontar alquileres, medicamentos, alimentos y servicios en un contexto de inflación persistente y salarios pulverizados. En otras palabras, lo que un senador cobra en un mes equivale a más de dos años de ingresos de un jubilado.
El incremento en las dietas llegará como consecuencia directa del aumento salarial acordado para los empleados del Congreso. Este miércoles, Agustín Giustiniani y Alejandro Fitzgerald, secretario parlamentario y administrativo del Senado, firmaron junto al titular de la Asociación del Personal Legislativo, Norberto Di Próspero, una recomposición salarial escalonada que acumulará un 9,4% y que terminará de impactar en abril.
Ese acuerdo contempla varios tramos: un 2% retroactivo a diciembre, un 2,2% acumulativo desde enero, otro 2% en febrero, 1,7% en marzo y finalmente 1,5% en abril. Debido a que las dietas de los senadores están atadas al sistema de módulos que regula los salarios del personal legislativo, cada incremento repercute automáticamente en los ingresos de los legisladores.
Sin embargo, mientras este esquema repercute automáticamente en las abultadas dietas de los senadores, la realidad de millones de trabajadores en el país es muy distinta, enfrentan paritarias que apenas rozan el 1% mensual, aumentos que quedan muy por detrás de la inflación y que, en los hechos, se traducen en salarios cada vez más deteriorados frente al costo de vida.
Actualmente, desde noviembre del año pasado, los senadores cobran alrededor de $10,2 millones brutos. Ese monto surge de 2.500 módulos salariales, más 1.000 módulos por gastos de representación y 500 módulos adicionales por desarraigo, lo que suma 4.000 módulos cuyo valor ahora volverá a incrementarse.
En ese contexto, senadores como Anabel Fernández Sagasti, Mariana Juri y Rodolfo Suárez, entre otros, verán crecer nuevamente sus ingresos en un momento en que amplios sectores de la sociedad atraviesan una crisis económica profunda.
La situación reaviva el debate sobre los privilegios de la política. Mientras el discurso oficial insiste en combatir a “la casta”, en la práctica los salarios de los altos cargos del poder siguen creciendo muy por encima de los ingresos de la mayoría de los argentinos.
No se trata de un dato menor. En un país donde millones de trabajadores no llegan a fin de mes, donde los jubilados deben elegir entre comprar remedios o alimentos y donde el endeudamiento con tarjetas de crédito se volvió una salida desesperada para cubrir gastos básicos, las dietas millonarias de la dirigencia política aparecen como una provocación.
Además, la polémica por los salarios legislativos generó fuertes tensiones dentro del propio Gobierno. El aumento de las dietas de los senadores fue uno de los motivos de fricción entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel, titular del Senado.
Desde la Casa Rosada cuestionaron que Villarruel no hubiera actuado con mayor firmeza para evitar lo que el oficialismo calificó como un privilegio de la “casta política”. Sin embargo, el congelamiento que regía sobre las dietas venció el año pasado y, tras ese plazo, los incrementos volvieron a aplicarse automáticamente.
De hecho, en junio de 2025 los senadores ya habían aumentado sus ingresos un 4%, siguiendo la misma lógica de actualización que rige para los empleados legislativos. En aquel momento, Villarruel intentó sostener el congelamiento durante una reunión de Labor Parlamentaria, pero la propuesta fue rechazada por la mayoría de los jefes de bloque.
Así, mientras el ajuste golpea a jubilados, trabajadores y sectores populares, el Congreso vuelve a quedar en el centro de la escena por dietas que se multiplican frente a ingresos cada vez más deteriorados de la población.
La postal es brutal, un senador cobrará en un mes lo que un jubilado mínimo percibe en más de dos años. Y en medio de una crisis social cada vez más profunda, esa brecha no hace más que alimentar el enojo de una sociedad que ve cómo la política discute privilegios mientras millones de argentinos luchan simplemente por llegar a fin de mes.
Algo en Común El diario de Rosario